En algún momento, quizás en la calma de las tres de la madrugada, quizás en una hora rara a solas, te sorprendes pensando en cómo se sentía tu vida antes. Dormir hasta tarde. Una tarde espontánea. Terminar un pensamiento sin interrupciones. Una versión de ti misma que no tenía que preguntarse constantemente si alguien más había comido, dormido o tenía ropa limpia.
Y entonces llega la culpa. Quieres a tu hijo o hija con locura. ¿Qué significa entonces que eches de menos la vida que tenías antes?
Significa que eres humana. Y tiene nombre.
La ambivalencia materna, sentir amor profundo por tu hijo y, en el mismo aliento, duelo por tu vida anterior, es una de las experiencias mejor documentadas y menos habladas en psicología perinatal. El término matrescencia, el proceso de desarrollo que implica convertirse en madre, fue acuñado por la antropóloga estadounidense Dana Raphael en 1973. Una revisión publicada en 2024 en la revista SEMERGEN, de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, confirma que la maternidad implica una reestructuración real de determinadas áreas del cerebro, de forma similar a lo que ocurre durante la adolescencia, lo que convierte este periodo en una auténtica transición del desarrollo, no solo un cambio de rutina.
La palabra para lo que sientes
Investigadores que estudian la matrescencia describen esta ambivalencia de forma consistente, no solo como normal, sino como estructuralmente previsible. El Tiempo, uno de los diarios de referencia en Colombia, lo explica con claridad: las madres que se identifican como ambivalentes tienden a tener muy claro que harían cualquier cosa por sus hijos, tanto que, para muchas, la preocupación y el miedo que sienten por ellos es parte de por qué encuentran la maternidad tan desafiante. Pero también pueden sentir ira, resentimiento, apatía, aburrimiento, ansiedad, culpa, pena o incluso rechazo, emociones que la mayoría de las personas no asocian con la maternidad, y mucho menos con ser una buena madre.
Esta es la trampa central. Sientes duelo por una vida pasada. Después sientes vergüenza por ese duelo. Después te sientes culpable por ambas cosas. Los sentimientos nunca fueron el problema. El silencio alrededor de ellos, sí.
Qué estás echando de menos en realidad
Echar de menos tu vida antes de los hijos es una forma de pérdida real. No pérdida de amor, ni pérdida de compromiso con tu hijo. Sino pérdida de:
- Espontaneidad, la capacidad de tomar una decisión sin calcular diecisiete consecuencias
- Soledad, ese silencio que te pertenecía solo a ti
- Una versión de ti misma que todavía no era madre, con otro tipo de libertad y otra relación con el tiempo
- Facilidad social, amistades que no requerían logística, tardes que no implicaban negociación
- Tu identidad antes de ser madre, la profesional, la pareja, la persona con intereses que no tenían nada que ver con las necesidades de nadie más que las tuyas
ReachLink, en su análisis de la matrescencia en español, señala algo que conviene tener presente: existe un tabú poderoso alrededor de la ambivalencia materna, y cada vez más también alrededor de la ambivalencia paterna. Admitir que tienes sentimientos encontrados sobre la crianza, que a veces añoras tu vida anterior o te sientes atrapada por la persona a la que más quieres, te expone al juicio social. La gente cuestiona tu aptitud como madre. Se preguntan si te pasa algo. Así que muchos padres aprenden a fingir.
Un movimiento que le puso nombre a esto en América Latina
En Argentina, un grupo conocido como Madres Arrepentidas, @maearrependida en Instagram, reúne hoy a cerca de 15.000 seguidoras que han encontrado en la comunidad un espacio para pensar la maternidad de otras formas, sin que eso signifique dejar de querer a sus hijos. La fundadora del grupo lo describe así: este es un espacio en el que todas son bienvenidas, todas las que quieren pensar la maternidad por otros lugares, porque la maternidad no es única ni una abstracción homogénea. Somos diversas, plurales, existimos en nuestras diferencias, y eso nos enriquece.
El nombre del grupo genera controversia, y es importante matizarlo: arrepentirse del camino recorrido no es lo mismo que arrepentirse de un hijo concreto, algo que la propia comunidad se ha encargado de aclarar repetidamente. Lo que documenta este fenómeno es exactamente lo que la investigación clínica confirma: la ambivalencia materna es mucho más común de lo que el silencio cultural sugiere.
La vergüenza que empeora todo
Lo que tiende a agravar estos sentimientos es la expectativa de que no deberían existir. El guion cultural de la buena madre, siempre agradecida, siempre feliz de estar en ese rol, siempre poniendo al hijo primero sin conflicto interno, no deja espacio para el duelo humano y ordinario que acompaña a un cambio de vida tan significativo.
Las redes sociales amplifican esta presión de actuar. Los vídeos seleccionados de bebés sonrientes y los pies de foto que hablan de bendiciones crean un estándar imposible. La realidad desordenada, las lágrimas en el baño, el resentimiento que aparece y se desvanece, permanece oculto. El propio sistema médico refuerza este silencio: la revisión posparto estándar se centra casi exclusivamente en la recuperación física, dejando fuera esta dimensión emocional por completo.
Lo que sientes | Lo que en realidad indica |
|---|---|
Echo de menos tener tiempo para mí | Tenías una identidad antes de este rol, y todavía importa |
Echo de menos ser espontánea | Has vivido un cambio profundo en cómo funciona tu vida |
Echo de menos quién era yo antes | Estás en la fase de fractura de una transición de desarrollo real |
Quiero a mi hijo pero lloro mi vida anterior | Ambivalencia materna normal, no una contradicción, una coexistencia |
Me siento culpable por sentir esto | El estándar cultural era irreal, no tus sentimientos |
Qué no ayuda, y qué sí
Lo que no ayuda es fingir que estos sentimientos no existen. La investigación sobre ambivalencia materna encuentra de forma consistente que reconocer las emociones encontradas, en lugar de suprimirlas, se asocia con mayor confianza y ecuanimidad en la crianza con el tiempo.
Lo que sí ayuda:
Nombrarlo, en privado o en voz alta. El sentimiento pierde parte de su poder cuando se articula con honestidad. Un diario, una amiga de confianza, una terapeuta, cualquiera de estas opciones ofrece el espacio que la vergüenza te impide construir dentro de tu propia cabeza.
Separar el duelo de la ingratitud. El duelo por lo que era no anula el amor por lo que es. Son verdades emocionales paralelas, no verdades que compiten entre sí. La persona que echa de menos su vida anterior y quiere profundamente a su hijo no está confundida. Está teniendo una respuesta precisa ante una realidad compleja.
Entenderlo como una etapa, no como un estado permanente. La ambivalencia aguda de la maternidad temprana no dura para siempre. La investigación sugiere que, para la mayoría de las madres, un sentido más claro de identidad integrada tiende a surgir entre los 12 y los 18 meses después del parto.
Prestar atención si el sentimiento se convierte en algo más. Echar de menos tu vida anterior es distinto de no poder encontrar placer en absoluto en tu vida actual. Si el duelo es persistente, invasivo, o viene acompañado de ansiedad, puede merecer una conversación con un profesional de la salud.
La mujer que quiere a sus hijos y añora a la persona que era no es contradictoria. De hecho, está describiendo la experiencia de pérdida de identidad que la mayoría de las madres atraviesan de alguna forma, y lo está haciendo con honestidad, que suele ser justo por donde empieza el camino hacia adelante.
Puntos clave
- La ambivalencia materna, querer profundamente a tu hijo y a la vez llorar tu vida anterior, está ampliamente documentada en la investigación sobre matrescencia, un término acuñado por Dana Raphael en 1973 y confirmado clínicamente por una revisión de 2024 en la revista SEMERGEN.
- Lo que se pierde es real: espontaneidad, soledad, identidad profesional y social, y una relación distinta con el tiempo. No es una pérdida de amor por el hijo.
- El movimiento Madres Arrepentidas en Argentina, con cerca de 15.000 seguidoras, ilustra cuán extendida está esta experiencia en el contexto latinoamericano, más allá del silencio cultural que suele rodearla.
- La vergüenza, no la ambivalencia en sí misma, es lo que predice mayor malestar emocional. Reconocer los sentimientos encontrados reduce su poder; suprimirlos lo aumenta.
- La ambivalencia aguda no es permanente. Un sentido más integrado de identidad suele emerger entre los 12 y los 18 meses posparto para la mayoría de las madres.
Fuentes y lecturas adicionales
- Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN). (2024). La matrescencia: cambios neurobiológicos en la transición a la maternidad. Elsevier España. elsevier.es
- El Tiempo. (2022, contexto vigente). Qué es la ambivalencia materna y por qué sigue siendo un tabú. eltiempo.com
- ReachLink. (2026). Matrescencia: por qué convertirse en madre resulta tan complejo. reachlink.com
- Diario de Cuyo / La Nación. (2021, contexto vigente). "Odio ser mamá": una actriz fundó un grupo de Madres Arrepentidas. diariodecuyo.com.ar
- Raphael, D. (1973). The Tender Gift: Breastfeeding. Schocken Books. Origen del término matrescencia.
- Jones, L. (2023). Matrescence: On the Metamorphosis of Pregnancy, Childbirth, and Motherhood. Allen Lane.





